Supongo que te extrañará que te escriba una carta, sobre todo teniendo en cuenta lo cerca que solemos estar siempre y lo fácil que sería simplemente decirte lo que pienso. No quiero dejarlo mas, quiero contarte unas cuantas cosas que de vez en cuando me pasan por la cabeza.


Dices que siempre me estoy quejando, pero debes reconocer que algo de razón tengo. Me quejo cuando te quedas dormida a la vuelta de los viajes y me lo haces notar a base de cabezazos en el casco. Cuando te empeñas en meter en las viejas alforjas equipaje como si te fueses para siempre. Cuando me obligas a parar porque de golpe te entra un hambre de lobo o no aguantas sin entrar al servicio. Cuando en plena tumbada te da por moverte, simplemente, por que te pica el culo. Reconoce que el asiento que tengo que poner para que tu lindo trasero no sufra en los viajes largos, es sencillamente horroroso. Me quejo, pero algo de razón tengo.

No todo son quejas, aunque cada vez que haces algo que no me agrada te lo refiera. También se reconocer todas tus cosas buenas, aunque con estas, me cueste un “huevo” hacerlo. Cuántas veces decimos con un poco de desprecio la frase: “Ha venido de paquete” ¿Por qué le negamos el valor que realmente se merece? Creo que cualquiera que haya rodado en moto durante algún tiempo, sabe perfectamente que un buen paquete es en realidad un COPILOTO. ¿Acaso no tumban con nosotros? ¿No trazan las curvas? ¿No pasan frío en invierno y se mojan cuando llueve? ¿Acaso corren menos peligro si te tragas una curva? Pues a pesar de todo esto, aún hay quien se atreve a decir que no son moteros de primera fila.


Cuando tus manos se agarran a mi cintura sé que estás ahí y todo va bien. Controlas la gasolina que nos queda, los kilómetros que llevamos, en que cruce deberíamos de girar y cuantas pelas llevamos gastadas en sopa. Conoces tan bien como yo el sonido de nuestra máquina, sus vibraciones, sus necesidades y sus reacciones. Sabes perfectamente cuando le estoy apretando más de la cuenta o cuando entramos en una curva un poco pasados. 
¿Cuántas veces me has puesto bien el pañuelo para que no me entre frío en el cuello? ¿Cuántos kilómetros has pasado hablándome al oído por que sabes que estoy cansado? ¿Cuántas horas de cuneta buscando esa estúpida avería?

El estereotipo de motero puede ser el de un tipo rodando solo con su máquina, pero yo tengo que reconocer que mi hierro ya no es sólo mío, sino nuestro. Todos esos kilómetros recorridos, esfuerzos económicos y horas de dedicación te hacen protagonista de mi sueño. Hay miles de “paquetes” como tú, casi uno por motero. Algunos de ellos lo son por que no tienen más remedio que joderse hasta que consigan su propia máquina. Para ellos, mis palabras de ánimo y aliento, suele ser difícil conseguirla pero siempre vale la pena. Pero hay otro número muy importante de “paquetes” que lo son por gusto. No aspiran a tener otra moto, ya tienen una, aunque sólo les correspondan sus cuartos traseros.

A todos los mal llamados “paquete”, quiero mostrar a través de esta carta el mayor de mis respetos. Os pido que no permitáis nunca que os nieguen vuestra categoría de COPILOTO, gracias por ser lo que sois, gracias por estar siempre ahí.

Con cariño y admiración para todos vosotros,  nuestros COPILOTOS, en especial para mi motera Mamen.

Pascual Sánchez | C.D. Motonavo

*Sin pretender hacerme dueño del texto, del cual desconozco su autor y fuente original. He querido inmortalizar estas palabras para poder compartirlas con todos vosotros tras recibirlo como cadena de whattsap.

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