Me es irrelevante su altura o edad, si son ligeras, entradas en kilos, asiáticas, europeas, americanas, blancas, negras, clásicas o modernas, tengo que reconocer la verdad.

Creo que todos estamos seducidos por la nuestra, la cuidamos y nos entendemos con ella como con ninguna. Pero hay que asumir lo evidente, miramos a otras con deseo cuando pasan a nuestro lado, babeamos tanto ante los mitos de toda la vida como ante las finas líneas de las jóvenes que llegan levantando el aire por donde pasan. Todas tienen su encanto y eso es lo que mas me gusta, a veces pienso que tengo un problema, una especie de adicción difícil de superar de la que no me avergüenzo, me gustaría probarlas todas. Tengo la mía y estoy locamente enamorado de ella, aun así, no puedo reprimirme en mirar al resto, hablar de ellas y vacilar de experiencia. Espero que no sea grave, pero pienso que el mundo sería horrible sin motos.

A pesar de los instintos que despierten en mi las demás, jamás renegaré de la mía y a través de estas líneas te aconsejo que nunca lo hagas de la tuya. Puede que no sea la más nueva ni la más bonita y que ya no la montes con tanto énfasis como al principio. Tiene kilómetros y algún arañazo por el paso de los años pero siempre está ahí, nunca te dio la espalda. Ha sido tu compañera en mil aventuras, percibe cosas de ti que nadie comprende y conoce perfectamente tus límites. Delante de los colegas podrás mentir, pero ella sabe la verdad. Cuídala con cariño, tenla como una reina y siéntete orgulloso de ella. Porque lo vivido juntos vale mucho, no olvides que te ha dado los mejores kilómetros de tu vida.

Recuerda siempre que un motero se mide en experiencias, y si algún día vuestros caminos tienen que separarse, es demasiado lo aprendido y compartido como para despedirla de mala manera, hazlo con cariño, con el honor de quien no conocerá mas fiel compañera entre las personas que la moto de la que se despide. Otras vendrán, que buena la harán.

 

Maestro Sampe | Francisco Manuel Sampedro