Algún día tendré que reconocer lo que es un secreto a voces. Un ritual que comienza cada vez que alguien me sugiere aquello de: “no eres tan rápido”. Acto seguido me pongo los galones y sin mediar contemplación, comienzo una de mis mejores lecciones, de la que además, me declaro autor, difusor y defensor:

“Ven aquí discípulo: Bajado de ella es cuando mas disfruto y está parada. A mi lo que me gusta de esto es que estés aquí, con nosotros, con el resto de compañeros, que formes parte de nuestros buenos momentos, en escapadas, rutas, viajes y fiestas. Saludarte en cada concentración como si llevásemos años sin vernos y disfrutar como lo hacemos entre colegas y amigos”

Esta forma de entender la moto, con nada que demostrar, sin complejos ni discriminaciones, es la que nos permite ser iguales. Poniendo en valor la camaradería y el camino por encima del destino cuando rodamos. Salir con los compañeros a disfrutar de esas carreteras grises llenas de improperios contra la vida misma. Acumular las experiencias que nos llevan a renovar constantemente esa otra forma de sentir el mundo que hace del motero una especie diferente. Ser motero es mucho mas que ir rápido de un punto a otro, exhibir una chupa guapa, botas último modelo o enroscar el acelerador a fondo. Aunque he de reconocer que la mezcla de adrenalina y endorfinas juega un importante papel en la adicción a este maravilloso mundo.

La dimensión de un motero nunca se medirá en espacio/tiempo, no somos pilotos, no hay nada que demostrar. Un motero se mide en momentos, y para eso, no hace falta correr. La vida es demasiado corta para llevarla con prisas, llénala de buenos ratos y disfrútalos respetando tu entorno. Llénala de los valores que hacen que el mundo sea un lugar mejor donde vivir y abandona los aspectos que no conducen a ningún camino. Vive y deja vivir, cada uno es feliz a su ritmo e igual es el tuyo el que está fuera de lugar.

A quienes no comprenden que en este mundillo hay cosas de las que disfrutar mucho mas grandes que “jugar a ser piloto” e ir al límite (de su vida). A esos “supermoteros” llenos de entusiasmo y ganas de demostrarlo todo, que tienen la suerte de que la carretera aún no ha regalado un buen susto o arrebatado un amigo. Algún día comprenderéis, que el rechazo que recibís de los auténticos moteros no es por miedo ni envidia. Es simplemente porque el respeto, se encuentra lejos de lo superficial.

Maestro Sampe | Francisco Manuel Sampedro